Perlitas de la historia Argentina y del mundo

Cuando regrese Giglio. Otra hermosa historia compartida con elephant Minds por la autora Alcira Antonia Cufré. Del libro Inmigrantes en la Argentina. Perlitas de la historia Argentina y del mundo…

 

Era el primer viaje que realizaba a Italia, al pueblo en el que quedara su madre con la férrea postura de no emigrar hasta que regresara sano y salvo, Giglio, el hijo mayor. Éste, había ido a la guerra a luchar por la patria. Era muy pequeño Lázaro, en aquel entonces, con los tíos, cuatro hermanas y su padre fueron para Argentina buscando salvarse de los constantes bombardeos. Los corazones tristes dejaban a Rossina sola, junto a los pocos vecinos que aún se resistían o preferían morir en su tierra.

Pasados muchos años, pudo ahorrar el dinero y hacer el viaje de retorno para estar con su madre. Llegó con el automóvil rentado y lo estacionó a dos cuadras de la calle en la que estaba la casa de la infancia. Todo permanecía detenido en el tiempo desde el momento en que habían partido hacia otro continente. Recordó un día en que bombardearon y destruyeron cuatro viviendas. Se detuvo ante ellas. Desde los escombros, brotaban imágenes aterradoras. Testigos imborrables, las paredes permanecían en pie, descarnadas, con llagas todavía latiendo. Era mediodía y nadie circulaba por aquel lugar. Continuó acercándose y la vio. En la esquina estaba ella mirando hacia donde había marchado Giglio, como lo hicieran las madres, esperando a sus hijos que no regresaban.

–        ¡Mamma!, murmuró y todo el planeta giró hacia él, haciéndole temblar las piernas y latir el corazón en la garganta hasta casi ahogarlo. La mujer lo miró, penetrándolo con los ojos entrecerrados, durante un minuto eterno. Los dos parados frente a frente. ¡Salvattore!, dijo, nuestro hijo todavía no regresa. Continuaron en la misma desesperante situación durante un tiempo en el que no tenía movimiento el reloj de la vida. – No, ¡Mamma!, sono io, Lázaro, tu hijo. Ella petrificada.

–           La apretó contra su cuerpo llorando y no fue rechazado. Los brazos laxos, el abrigo que le conociera en la niñez, todo apolillado. Los pelos blancos rematados en una trenza. Fría, impenetrable soportó esta situación hasta que él fue vencido, sin saber si lo reconocía o había dejado de quererlo.

–           Caminó hasta la casa, seguida por el hijo. Sin decir una sola palabra, buscó harina y en un extremo de la mesa, comenzó a preparar una masa. El joven se sentó a su frente y recordó cuando acompañaba a la madre hasta la campiña a recolectar espigas de trigo que luego golpeaban sobre sábanas blancas, con unos palos hasta deshacerlas. El producto se repartía entre las familias. El fino polvillo lo iba envolviendo y el mismo olor de otrora, lo llevó tristemente a la niñez. Se levantó de la silla y fue al encuentro de Rossina y en un impulso le tomó una punta del vestido y tironeó, como lo hacía cuando pequeño, para que lo mirara.

–           Ella, detuvo su tarea y con la mirada extraviada, volvió a observarlo.

–         ¡Mamma sono io Lázaro! Volvió a repetir desesperadamente. Entonces ella se sentó y con un leve gesto, lo hizo sentar en su regazo, comenzando a cantar una canción de cuna. Luego, el silencio fue infinito. Volvió a la silla en donde continuó sintiéndose desamparado.

–        NARRATIVA TESTIMONIAL: compartido por la autora Escritora Alcira Antonia Cufré con elephant Minds  – República Argentina, año 2012. Texto completo en “INMIGRANTES EN LA ARGENTINA, TOMO II